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Boletín nº15 – Noviembre 2018

Boletín nº15 – Noviembre 2018

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús”

(1 Tesalonicenses; 4:14)

Habiendo celebrado estos días la festividad de Todos los Santos y Fieles Difuntos, os queremos hacer llegar la experiencia de Rafael Pérez Pallarés, recogida en su reciente libro A piel de Calle. Así, nuestro deseo es transmitir desde la fe que, verdaderamente,

Hay maneras de vencer:

“He regresado a casa con la nostalgia entre los dientes, es noche sorda y melancólica; escucho música, la canción más hermosa del mundo, sabiendo que la vida se presenta como un camino adelante. Cada paso que doy no sé muy bien en qué dirección me lleva. Pienso en María de Magdala, el apóstol de los apóstoles, María, la líder del grupo de mujeres, que acompañaba y apoyaba a Jesús junto a otras como Juana, la mujer de Cusa, el intendente de Herodes. Sí, me resulta fácil imaginar la risa adulta de María Magdalena y hablar con ella de Cristo, su amigo y señor. Cuánto he aprendido de ella. Sé que no salió intacta del encuentro con el Nazareno; porque nadie sale intacto del amor. Me imagino charlando con esta gran mujer en la noche oscura. Me descubro soñando junto a ella, hablando del Jesús que conoció, mientras a lo lejos escuchamos el impacto musical rotundo del Imperio Romano, en sones de bulerías, que da paso a los sueños pendientes. Me imagino a María que eleva su mirada al firmamento, en la plaza del Mercado de Magdala, a 200 metros de la sinagoga, sabiendo que todos tenemos nuestro propio cielo. Y sus lágrimas ya secas, esas que sabían a sal y recordaban al mar de su ciudad, se tornaron en un tornado de color amapola. María me dice que Cristo ha resucitado porque no quiere que caigamos en el olvido de Dios. Entonces vuelvo a mi juventud y recuerdo que Jesús también me llamó por mi nombre, como a ella. Cómo olvidarlo: con apenas quince años en aquella misa el Cristo joven me miró y me dijo ven y sígueme. Desde entonces aquí ando. La mujer santa que, tras acudir a la tumba de su amigo, da fe de que Cristo ha resucitado me alienta y refuerza en la fe. Me enseña que la fe es experiencia de amor y se cultiva a diario, desde el corazón y el estar juntos. Me despediré de mi piel, de mi carne. La vida me grita. Pido al Espíritu Santo dejar de estar acurrucado, revolcado entre sueños rotos. Necesito estar con Cristo como María. Ser amigo de Jesús sabiendo que todo es gracia. Que el amor es más fuerte que el odio y el resentimiento. Dejaré de perseguir cosas que hacen daño. Viviré en plenitud.” (Capítulo 38, Hay maneras de vencer)

“Nadie sale intacto del amor”

boletin15_1El amor nos alienta, nos acurruca, nos hace ver la gracia incluso en los momentos más dolorosos. Porque el amor vence, resucita. Seamos, pues, capaces de ver al amor, al Señor, en nuestro sufrimiento, en nuestra vida, con la plena esperanza de que la resurrección nos conducirá, junto con todos los Santos y nuestros difuntos, a estar junto a Cristo resucitado.